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El riesgo de los bloqueadores solares en las comunidades microbianas en la Antártica

En la Antártica las personas están muy expuestas a altos niveles de radiación ultravioleta (UV), para lo cual la típica recomendación es utilizar protectores solares. No obstante, estos productos para el cuidado personal liberan partículas diminutas que pueden llegar a dañar el medioambiente. 

Un equipo de la Universidad de Antofagasta liderado por el Dr. Pedro Echeveste De Miguel, del Programa Nacional de Ciencia Antártica, estudia el impacto de los filtros solares en las comunidades microbianas de la península Antártica, entendidas como poblaciones de varias especies que interactúan entre sí. De esta manera, se busca determinar si la presencia de partículas de estas cremas pueden ser una amenaza para el sedimento marino, la columna de agua y la flora y fauna (la biota) de esa zona del continente antártico. “Nuestro proyecto trata de detectar la presencia y evaluar el potencial impacto que tienen los bloqueadores solares comerciales. Tratamos de encontrar estos bloqueadores en sedimentos, en agua, en plancton y ver si estarían afectando a las comunidades microbianas marinas”, comenta Echeveste. 

Su equipo participó de la LIX Expedición Científica Antártica (ECA 59) organizada por el Instituto Antártico Chileno (INACH), siendo la segunda campaña en la que viajan a la Antártica en el tercer año del proyecto denominado “Nanopartículas inorgánicas y filtros solares comerciales en la Antártida: destino y efectos en comunidades microbianas naturales (INCSA)”.

Sobre cómo se realizó el muestreo, Echeveste explica que se trasladaron a distintas bases y otros lugares que pueden ser de interés: “Lo que recolectamos de la orilla, que suele ser primero la arena o la tierra, la que se pasa por tamices de distinto grosor hasta que encontramos una fracción que nos interesa que es menor a 67 micras. Luego, pasa por un filtro que es como el del café, le retiramos toda el agua, lo liofilizamos y nos quedamos con esa parte de sedimento, que es la parte sólida. En cuanto al agua, la tomamos con una bomba peristáltica, la hacemos pasar por un filtro y tenemos agua sin ningún tipo de partículas o células”. Luego y de vuelta en Chile, estas muestras se envían a España donde analizan los compuestos orgánicos e inorgánicos. 

El investigador menciona que existen distintos tipos de bloqueadores, algunos se venden bajo la etiqueta de ser amigables con el medioambiente pero que claramente no han sido estudiados en especies antárticas que son muy sensibles a cualquier cambio que pueda ocurrir en su entorno. Y también existen los que se venden comúnmente en la farmacia y que pueden ser inorgánicos u orgánicos. 

Los primeros se emplean principalmente en pieles sensibles o con tendencia al acné; suelen ser menos hidratantes y lo que hacen es reflejar la radiación solar. Mientras que los otros tienen una mejor absorción y disminuyen la intensidad de la radiación. Pero generalmente se utilizan ambos en las composiciones de los bloqueadores para tener este doble efecto. 

El aumento de la presencia humana

Una recomendación habitual cuando se va la playa es colocarse bloqueador solar para evitar la radiación solar, pero lo cierto es que cuando las personas se bañan se liberan estos compuestos y pueden impactar en distintos organismos marinos, lo que se ha estudiado en corales, en moluscos y en microalgas. La motivación de este proyecto surgió por la preocupación del turismo antártico en franco aumento. 

“Cada año vienen más y más turistas y todos ellos con la recomendación de ponerse bloqueador porque acá el agujero de la capa de ozono es muy notorio, los niveles de radiación ultravioleta son muy altos, entonces mejor ponerse. Nosotros pensamos que estos podrían estar llegando también: uno sale con bloqueador, quizás después se ducha y esta agua no necesariamente puede estar bien tratada y pueden liberarse estos compuestos al medioambiente”, señala Echeveste. 

Todavía falta mucho por hacer en su investigación y aún no tienen datos sobre la presencia: “Si es verdad que los contaminantes se han encontrado en otros sitios, en otros lugares, otras bases en la Antártica, hay mucho movimiento de personas, todo el turismo que viene acá, los vuelos que traen, entonces un poco asociado a esta presencia humana es lo que pensamos que podemos detectar estos contaminantes. Si bien aún no tenemos resultados, terminando esta expedición queremos enviar todas estas muestras para así procesarlas, lo que sí tenemos preliminarmente es el impacto que generan en las comunidades, ya que hay algunos que son más tóxicos que otros”, concluyó. 

Este proyecto también cuenta con colaboración internacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, el Instituto Nacional para la Ciencia Océanica de Francia (IFREMER), la Universidad de Warwick de Inglaterra y de la Universidad Rey Abdullah de Ciencia y Tecnología de Arabia Saudita. 

El INACH es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía.

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