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Dr. en Lingüística UPLA establece relación entre las lenguas semíticas y el castellano

¿Sabía que las palabras fulano, albañil, alférez y alcalde provienen del árabe? Probablemente, no. Bueno, le sorprenderá saber entonces que lo mismo ocurre con los refranes “el hábito no hace al monje” y “la mentira tiene patas cortas”. En todos los casos, hablamos de la influencia que esta cultura ejerce en el léxico del castellano, un aspecto sobre el cual reflexionó el Dr. Juan Pablo Reyes, académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha, UPLA.

Para entender cómo las lenguas semíticas influyeron en nuestro idioma, el lingüista se detiene en la historia y recuerda que la presencia de la cultura árabe y hebrea en el territorio hispano, empezó con la invasión musulmana en el 711 hasta su expulsión en 1492. Ello, tras ser derrocados por el imperio español que reconquistó paulatinamente el sur de España, y lograr la salida al mediterráneo.

“Para comprender la influencia del árabe y el hebreo en nuestro lenguaje, es fundamental recordar que las embarcaciones que zarparon a América iban muchos hablantes andaluces y, por lo mismo, personas con arabismos léxicos. Pasó lo mismo con los sefardismos, los ladinismos y los judeoespañolismos, aunque estos tres términos, no son exactamente lo mismo, pero se refieren a la lengua española que habla la comunidad judía en territorios hispanos. Por eso, no debería extrañarnos que, a pesar de la distancia y los mares que nos separan, tengamos tanta influencia en el lenguaje”, explicó el académico. 

En cuanto al sefardí, dijo que proviene de sefarad, es decir, España, en hebreo; y que ladino proviene de latino. Recordó, además, que la lengua mozárabe se hablaba en las calles por cristianos arabizados y, el árabe se utilizaba como lengua escrita oficial (en la cultura y la administración).   

En cuanto a esta última (la lengua árabe) el académico subraya que aportó léxico en varias áreas del saber, en lo religioso: ojalá, elixir, talismán y mezquita; en nombres de alimentos vegetales: zanahoria, limón, alcachofa; en designación de personas y autoridades: fulano, albañil, alférez, alcalde, sultán; en juegos como el ajedrez, azar; en utensilios, tales como alfombra, noria, acequia, alcantarilla, zanja. 

A su vez, asegura que la lengua hebrea, fue más potente aún en el ámbito religioso, que se abrió camino con las escrituras bíblicas traducidas al griego y, de éste, al latín y sus respectivas lenguas romances. Además, ellas se integraron a las creencias populares locales y a través de la conversión de judíos al cristianismo. Ejemplo de lo anterior es la palabra amén (que en hebreo significa así sea), y un sin número de nombres de personas que se difundieron y oficializaron a través de los bautizos cristianos. En este contexto, destaca los nombres de personajes fundamentales como Abraham, Adán, Eva, María, Pedro, Pablo, Juan, Ana. Y, por supuesto, Jahveh, Jehová, aleluya, sinagoga.

Dichos y refranes

El académico de la UPLA comentó que otra forma de demostrar la presencia de tan importantes lenguas y culturas, son los refranes, proverbios y sentencias, tanto árabes como hebreos, provenientes de la sabiduría elemental de estas culturas. Esto es, de su pensamiento y su sentimiento religiosos monoteístas y mesiánicos, plasmados en la Torá (“enseñanza”, en hebreo) y el Corán (“recitación”, en árabe).  

Los siguientes, son ejemplos de proverbios árabes, “Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”, “La crueldad es la fuerza de los cobardes”, “La verdad que daña es mejor que la mentira que alegra”. En tanto, dentro de los refranes y proverbios provenientes de la lengua hebrea destacan “Con una mentira se suele ir muy lejos, pero sin esperanza de volver”, “No te acerques a una cabra por adelante, a un caballo por detrás y a un tonto por ningún lado”, “No hay cosa tan mala, que para algo no sea buena”, “El hábito no hace al monje”, “La mentira tiene patas cortas”.

“Los sustratos o sedimentos verbales provenientes del Medio y Cercano Oriente, se unieron a la historia de la lengua española, desde hace casi 1.300 años, cuando el castellano no se acababa de diferenciar del latín en contacto con las lenguas celtoibéricas. Y, por lo mismo, estas influencias árabes y hebreas, son tanto o más antiguas que muchas palabras de cualquiera de los dialectos y posteriores lenguas romances peninsulares y europeas. Al ser lenguas de tradición escrita, pudieron conservar mucho mejor sus conocimientos, sus historias, sus creencias y sus alfabetos”, dijo el Dr. Reyes, quien agregó que estos últimos son el origen de las escrituras eslava (cirílico), griega (alfabeto) y latina (abecedario). 

Tras este análisis y tal como lo comentó el académico UPLA, queda claro que las invasiones, conquistas y expulsiones, generan traumas en el inconsciente colectivo de la humanidad que, paradójicamente, dan pasos, también, a nuevos contactos, nuevos mestizajes culturales, sociales, lingüísticos y religiosos que crean mundos menos dolorosos, más felices y esperanzadores.

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