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¿Beneficia o afecta el horario de invierno?

El cambio de hora está decretado por ley y el horario de invierno rige desde el primer sábado del mes de abril hasta el primer sábado de septiembre, cuando los relojes se adelantan una hora.

Para la doctora Catalina Torres, neuróloga y especialista del Centro del Sueño de Clínica Santa María, este es un hito importante, principalmente porque comienza a amanecer más temprano.

“Vamos a ganar una hora de sueño y despertaremos con más luz. A algunos no les gusta este horario porque se oscurece más temprano, pero lo ideal es que los seres humanos hagamos las actividades que requieran más atención y concentración en la mañana”, señala la especialista.

La doctora, Evelyn Benavides, neuróloga y especialista en Medicina del Sueño de Clínica Dávila, coincide, señalando: “El horario de invierno hace que tratemos de utilizar principalmente la luz de la mañana para realizar nuestras actividades y menos hacia la tarde, para tratar de que funcionemos más matinalmente”.

Según las especialistas, el horario correcto para la fisionomía humana y el que le correspondería al territorio nacional es el de invierno. Además, explican que los cambios durante el año podrían ser perjudiciales. “Se ha demostrado que las modificaciones de horario no son sanas para nosotros, no debiéramos quedarnos en el horario de verano, ya que hay más riesgos de accidentes de tránsito, trastornos de ánimo, incluso enfermedades cardiovasculares. Por eso, el mensaje de los especialistas en sueño es que debiésemos preferir el horario de invierno”, concluye la neuróloga de Clínica Santa María.

Cómo nos afecta

Pasar del horario de verano al de invierno, y viceversa, puede afectar al organismo de diferentes maneras. Los primeros días después del cambio de hora podría ocurrir:

  • Alteración del ritmo circadiano.
  • Incremento de trastornos del sueño.
  • Disminución de la concentración.
  • Somnolencia, trastornos del ánimo e incluso alimentarios.

Por eso, la doctora Torres entrega recomendaciones para poder sobrellevar los primeros días de este nuevo horario. “Este cambio no va a dar mayores problemas, no es complejo adaptarse porque vamos a ganar una hora extra de descanso, pero es importante cuidar la higiene del sueño la semana previa al cambio de hora, no usar pantallas antes de acostarse, no dormir siesta, no tomar estimulantes, dejar un rato de tranquilidad antes de ir a dormir, pero insistiendo que este es el ritmo fisiológico”.

Por otra parte, la doctora Benavides añade: “Lo ideal sería unos dos o tres días antes empezar a acostarse y levantarse 20 minutos antes, para llegar al lunes siguiente más adecuados a este nuevo ciclo. Además, mantener nuestras actividades lo más matutinas posibles, actividad física e intelectuales en la mañana, y en la tarde las que sean menos pesadas del punto de vista cognitivo y físico”.

¿Qué pasa con los niños y el cambio de hora?

El Dr. Enzo Rivera, neurólogo especialista en trastornos del sueño de Clínica Ciudad del Mar, afirma: “El descanso nocturno tiene múltiples funciones en la salud a nivel de la inmunidad, con una labor fundamental en los mecanismos de reparación tisular, esto quiere decir cicatrización, recuperación de enfermedades, entre otros”.

Así, las horas necesarias para que una persona pueda recuperarse depende de la edad, para los preescolares 9 a 10 horas, 9 horas para escolares y 8 para adolescentes en educación secundaria.

La doctora Paola León, neuróloga infantil de Clínica Vespucio, agrega que el cambio de horario suele afectar particularmente a los más pequeños, por lo que sugiere tener rutinas a la hora de acostarse para este grupo específico, además de evitar comer en las horas previas. “Es super negativo que los niños estén con pantallas en la noche, la hormona melatonina, que se secreta solo cuando hay oscuridad, se ve muy afectada por lo que si tenemos luz no vamos a permitir que nuestro cerebro la produzca” señala.

Por eso, añade el especialista de Clínica Ciudad del Mar, “la rutina de irse a la cama y despertar debe ser siempre a la misma hora, no hacer cambios los fines de semana, tengan o no clases. Evitar las siestas, aunque pueden durar máximo una o dos horas, pero superar ese tiempo puede generar problemas en la noche”.

Cuando el sueño no es regulado, los niños pueden presentar problemas en clases. Muchos desarrollan un síndrome tipo déficit atencional con hiperactividad y se comportan de manera más activa. 

La Dra. León asegura que se consideran trastornos del sueño en niños cuando se ha intentado incorporar una higiene de sueño sin buenos resultados. “Si el niño sigue teniendo problemas al dormir, hay que analizar por qué ocurre. Puede tener que ver con parasomnia (temores nocturnos, sonambulismo), apneas de sueños, movimientos involuntarios (que pueden estar vinculados a la falta de fierro), trastornos respiratorios o el síndrome obstructivo del sueño (SAHOS)”, comenta.

Por ello, “si los familiares notan que al menor le cuesta levantarse, suele andar somnoliento durante el día, le falla mucho la concentración, las tareas se hacen más difíciles, existen cambios de humor como irritabilidad, respuestas inadecuadas a su entorno, se pone violento, tiene problemas de comportamiento en clases, agresividad frente a sus compañeros, frustración, todo esto de manera reiterativa, deben consultar con un especialista para un análisis y tratamiento que ayude a regular el sueño”, concluye el Dr. Rivera.

 

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